sábado, 3 de septiembre de 2011

Mi amigo… el ángel.



Al mirar esa foto, te internaste en mis ojos,
te alojaste en mi alma con inmensa nobleza,
y viste mi verdad y todos los despojos
que me causan vivir dentro de esta tristeza.

Y plasmaste en palabras lo que al verme sentiste
y no dijiste nada, te quedaste callado,
más pude adivinar que aquello que escribiste
era pensando en mí y en lo que yo he llorado.

Me adivinaste toda desnudando mis penas,
esas penas que viste a través de mis ojos,
y con dulces palabras, mi corazón lo llenas
de suavidad inmensa quitando los abrojos.

¿Quién eres en verdad, que adivinas mi vida?
¿Acaso eres un ángel que el cielo me ha mandado?
Estando en la tristeza, sumida… sumergida
te presentaste tú como un ángel alado.

Y me has dado la fuerza de salir adelante;
con tus dulces palabras que siempre son amables
saldré de esta tristeza, caminaré adelante;
no te calles, por Dios… quiero que siempre me hables.

Agradezco yo al cielo tenerte como amigo
pues seas tú, quien seas, tienes mucha nobleza;
y en este, mi poema, con cariño te digo
muchas gracias, amigo, por calmar mi tristeza.

Silvia Beatriz.

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